¿Toda conducta extraña es un trastorno? La diferencia entre lo inusual y lo clínico

Muchas personas hablan de trastornos mentales o utilizan el término “locura” para describir comportamientos llamativos y poco habituales. Desde la psicología clínica, la rareza por sí sola no es un criterio diagnóstico. Si quieres saber cómo se establece realmente la diferencia entre la diversidad de la conducta y la psicopatología ¡sigue leyendo!

Sheila Odena Galceran

3/11/20263 min read

group of people gathering on street
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La psicología clínica no diagnostica por apariencia

Como ya comentamos en el artículo que hice hablando sobre los Therian, uno de los errores más frecuentes en nuestra sociedad es confundir la forma de una conducta con su significado clínico. Dos personas pueden realizar comportamientos similares y, sin embargo, tener funcionamientos psicológicos completamente distintos.

El análisis clínico no se centra en si la conducta es común o extraña, sino en variables como:

  • El grado de sufrimiento subjetivo.

  • La interferencia en la vida cotidiana.

  • La rigidez o falta de flexibilidad conductual.

  • El contexto en el que aparece y se mantiene.

Es decir: no se evalúa qué hace la persona, sino cómo funciona esa conducta dentro de su vida.

El criterio clave: la funcionalidad

Una conducta pasa a ser clínicamente relevante cuando limita la capacidad de adaptación de la persona a su entorno. La psicopatología se entiende, a día de hoy, como un problema de regulación, flexibilidad y ajuste contextual más que como una simple desviación de la norma.

Lo importante es observar si el repertorio conductual se vuelve más estrecho, inflexible o dominado por estrategias de evitación que reducen el malestar a corto plazo pero empobrecen la vida a largo plazo (Hayes et al., 1999).

La variabilidad humana no es patología

Pese a que las conductas —sobre todo de los jóvenes— menos comunes nos sigan sorprendiendo, la diversidad en la manera de construir identidad, relacionarse o expresar emociones ha existido siempre.

Lo único que va cambiando con la historia es la tolerancia cultural hacia esas diferencias. Es por esto que la psicología contemporánea debe evitar la sobrepatologización de experiencias humanas que pueden formar parte de procesos evolutivos, sociales o adaptativos.

Por parte de la población, la falta de comprensión es natural y la duda humana pero, dada la facilidad de que nuestros comentarios e ideas lleguen a todas partes gracias a internet, sería ideal eliminar las etiquetas diagnósticas del vocabulario común, puesto que llevan a muchas confusiones. También es importante, cuando las escuchamos o leemos, poder revisar quién lo dice y, al menos, cuál es su formación. Puesto que vivimos bombardeados de estímulos e información, pararnos a revisar y ser críticos con los temas que nos interesen, es una práctica que no deberíamos perder.

Diagnosticar implica comprender, no clasificar rápidamente

Pese a todo lo anterior, a veces nos encontramos con personas que si cumplen criterios clínicos suficientes como para recibir un diagnóstico. Es importante tener claro, cuando esto ocurre, que el diagnóstico clínico no es una etiqueta descriptiva, sino una hipótesis funcional sobre qué mantiene el problema y qué tipo de intervención puede ayudar.

Es decir, en el caso de que exista un diagnóstico, solo interesa a los profesionales que estén tratando a esa persona, ya que les puede ayudar de forma orientativa a tener en cuenta una serie de factores.

Utilizar palabras clínicas en cualquier contexto o reducir las conductas patológicas a “esto es raro” es incorrecto y puede dificultar la comprensión real del comportamiento humano y de la patología.

Conclusión

Las conductas inusuales no suponen de por sí un trastorno, del mismo modo que no todas las conductas frecuentes son saludables. La psicología no se ocupa de “normalizar” a las personas, sino de ampliar su capacidad de adaptación y bienestar.

Utilizar términos clínicos fuera de contexto o creer todos los diagnósticos que se dan por hecho en las redes sin fundamento, dificulta la comprensión tanto de la conducta humana como del papel y la credibilidad de la psicología basada en la evidencia científica.

Referencias

Hayes, S. C., Strosahl, K. D., & Wilson, K. G. (1999). Acceptance and commitment therapy: An experiential approach to behavior change. Guilford Press.

Sheila Odena Galcerán

Neuropsicóloga Forense (Nº de Colegiada 30681) y Mediadora.