¿Nos están cambiando las redes sociales?: Una revisión de nuestra conducta en el entorno digital

Todos sabemos que las redes sociales pueden afectarnos emocional y cognitivamente pero, muchos de los comportamientos que observamos online, han existido siempre. Si quieres saber cuáles son los principios conductuales que rigen estas interacciones y cuál es la novedad que suponen las redes sociales desde un punto de vista psicológico ¡sigue leyendo!

Sheila Odena Galceran

3/4/20263 min read

a group of different types of social media logos
a group of different types of social media logos

El refuerzo sigue funcionando igual que siempre

Como ya hemos comentado en otras ocasiones, una conducta tiende a repetirse cuando, a través de ella, se obtienen consecuencias reforzantes. La atención social, el reconocimiento o la pertenencia a un grupo son reforzadores especialmente potentes (Skinner, 1953).

Las redes sociales han introducido una característica clave: la inmediatez. La validación ya no es ocasional, sino constante y cuantificable.

El poder del refuerzo intermitente

Se conoce que las conductas reforzadas intermitentemente son más resistentes a la extinción. Si sé que mi conducta a veces obtiene respuesta y a veces no, cuando no la hay, no lo asocio a una pérdida del reforzador, sino que sigo esperando que reaparezca, porque soy consciente de que puede suceder como ha ocurrido en ocasiones anteriores.

Las redes sociales son un claro ejemplo de esto ya que no todas las publicaciones reciben la misma respuesta. Esa variabilidad genera patrones de refuerzo intermitente que nos mantiene constantes buscando esa validación.

Este mismo mecanismo se ha estudiado en múltiples contextos de aprendizaje y explica por qué ciertos comportamientos online se mantienen incluso cuando dejan de ser gratificantes.

La necesidad de pertenecer como motor conductual

Los avances digitales, junto con momentos vitales como la pandemia, nos han enseñado a estar más en casa y generar, por tanto, menos vínculos de forma física —sobre todo a los más jóvenes—. Pese a esto, la motivación de establecer vínculos significativos sigue siendo una necesidad humana fundamental (Baumeister y Leary, 1995).

Las plataformas digitales —juegos online, redes sociales, etc— solo ofrecen una nueva forma de cubrir esta necesidad y además la explotan, ya que ofrecen múltiples oportunidades de validación social más inmediata, generando la sensación de estar conectando con mucha más gente, pese a que estos vínculos puedan ser más débiles.

Un entorno diseñado para moldear conducta

Desde una perspectiva psicológica, las redes sociales se entienden como contextos complejos y estructurados de aprendizaje social.

Sabemos que gran parte del aprendizaje humano se da a través de la observación y la imitación de modelos, un principio central en la teoría del aprendizaje social de Albert Bandura (1977). Es decir, no necesitamos la experiencia directa de reforzamientos y castigos ya que podemos aprender observando las consecuencias de las acciones de otros. En este sentido, las redes sociales funcionan como un amplificador de la exposición a modelos de conducta en las que observar constantemente acciones, opiniones y comportamientos de otras personas.

Además, la estructura misma de estas plataformas aumenta la frecuencia y velocidad de la retroalimentación. Por ejemplo, los "me gusta", comentarios y compartidos funcionan como refuerzos positivos contingentes, que según los principios del condicionamiento operante de Skinner (1953), aumentan la probabilidad de que ciertos comportamientos se repitan. La inmediatez y visibilidad de estas señales refuerza no solo la conducta individual (por ejemplo, publicar contenido similar), sino también la conformidad con normas sociales percibidas dentro del grupo.

Por su parte, la teoría del modelado conductual propone que la imitación es más probable cuando el modelo es percibido como competente, similar al observador o socialmente relevante (Bandura, 1977). Estas condiciones se cumplen con mucha claridad en las redes sociales, ya que los influencers y compañeros de red funcionan como modelos visibles y accesibles, así como sus acciones y los reforzadores o castigos que reciben por parte del resto. Esto explica, entre otras cosas, la rápida propagación de tendencias, memes o comportamientos de riesgo, que podemos analizar desde la óptica del aprendizaje vicario (Bandura, 1986) y el reforzamiento social (Skinner, 1953).

En suma, desde la psicología conductual, las redes sociales no son meros canales de comunicación, sino espacios de aprendizaje intensivo, donde la observación, el reforzamiento social y la imitación interactúan para moldear comportamientos individuales y colectivos de manera acelerada y sistemática.

Conclusión

Para comprender los fenómenos actuales no necesitamos nuevas teorías, sino aplicar los principios clásicos del aprendizaje a los nuevos entornos tecnológicos. La conducta humana sigue guiándose por consecuencias, lo que ha cambiado es la velocidad y la escala a la que operan. Por esto, podemos ver las redes sociales como espacios de aprendizaje intensivo, con sus pros y sus contras.

Referencias

Bandura, A. (1977). Social Learning Theory. Englewood Cliffs, NJ: Prentice Hall.

Bandura, A. (1986). Social Foundations of Thought and Action: A Social Cognitive Theory. Englewood Cliffs, NJ: Prentice Hall.

Bijl, H. V., & Verhulst, F. C. (1998). Adolescent social networks and learning: A behavioral perspective. Journal of Adolescence, 21(2), 167–178.

Baumeister, R. F., & Leary, M. R. (1995). The need to belong. Psychological Bulletin, 117(3), 497–529.

Skinner, B. F. (1953). Science and human behavior. Macmillan.

Sheila Odena Galcerán

Neuropsicóloga Forense (Nº de Colegiada 30681)